
Pues al fin y al cabo, no es que los caballos o los humanos crudos no sean apetecibles, sino que no habéis hecho el hambre suficiente, como les pasaba a los amigos bailarines de ballet -si no recuerdo mal- de la película "Viven", ¡un poco de hambre teníais que pasar! para no ver con tan malos ojos a esos seres intelectualmente limitados pero sin embargo almas cándidas de gran corazón e igual vísceras que lo único que quieren es satisfacer su necesidad primaria y básica del alimento, haciendo suyo el lema que escuché a mi querida Javiera Mena citando a Bertolt Bretcht "La comida es lo primero, la moral viene después".
Esto ha llevado a importantes debates éticos de la mano del polémico defensor de los derechos de los animales Peter Singer, que tras afirmar en la profusa defensa de su causa que la vida de un primate adulto no humano podría ser más valiosa que la de un bebé humano, ahora se pregunta sobre qué tiene más valor, si la vida de un bebé humano o la de un zombie adulto; trasladando el debate a la sociedad y siendo utilizada la causa zombie por varios partidos políticos en su búsqueda de acólitos.

Sin ir más lejos Zapatero ya prepara un decreto ley para que los derechos de los zombies y las zombies sean protegidos por el Estado de derecho, así como Mariano Rajoy cargaba contra el líder socialista al recriminarle que de qué iba a vivir esa pobre niña zombie desvalida, sin una familia católica a la que acogerse y sin un comedor social de carne humana adecuado para uno de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Zapatero argumentó, sin embargo, que se estaba trabajando costósamente para la integración social de los zombies que, si bien con vozal, son ya admitidos en lugares públicos y han tomado la sana costumbre de reunirse para ver juntos la televisión, siendo telecinco y el programa El Hormiguero las propuestas más seguidas por la comunidad zombie. (Al parecer si no hay gritos, aspavientos, movimiento, aplausos del público zombie infiltrado a cada intervención de los contertulios -probablemente zombies infiltrados también- y vísceras emocionales dejan de prestar atención y atacan a la comunidad no zombie).

(Aquí una masa zombie enfurecida con el sheriff que había sintonizado por error la dos de televisión española.)
A su vez, se ha otorgado libertad de expresión y de pensamiento a todos los zombies, con la comodidad que resulta para un presidente de gobierno dar libertad de expresión a quien no tiene nada que decir. Dicho esto, entro a valorar la serie. Para ser sinceros, lo que más me llama la atención es la crueldad con la que los humanos tratan a los zombies de su comunidad, porque si Jesucristo siempre fue amigable con leprosos, dinosaurios, frescas y zombies, ¿por qué pues en The Walking Dead les revientan los sesos? ¿Es esa forma de poner la otra mejilla? Máxime sabiendo la felicidad que debe de sentir un zombie ante un carrillo especialmente carnoso -véase aquí mi libro Zombies y mofletes: un camino hacia la felicidad-.
Y es que aunque el catolicismo ya ha intentado la integración de este sector de la sociedad mediante bautizos y comuniones masivas de niños y niñas zombies, los resultados obtenidos no han sido los esperados, a pesar del optimismo al que invitaba el gran parecido comportamental observado en primera instancia entre los zombies y los feligreses con largo historial creyente.


Es por ello por lo que se teme por la aparición de una nueva religión zombie que se instauraría a partir del resurgimiento de entre los zombies del hijo de Dios zombie, pasando así este colectivo de perseguidos a dominadores de la moral, con un libro sagrado más breve que el bíblico que se resumiría en el aforismo de "la comida humana es lo primero, la moral viene después".
Para ello el Dios zombie deberá sacrificar a su único hijo, que resucitará una vez más al tercer día, probablemente tras escuchar una canción de Melendi.
Por último otra corriente zombie-teológica -agrupante a su vez de la anteriormente citada y de la católica- defiende que este Mesías zombie sería el anunciado en el Apocalipsis bíblico, que vendrá para juzgar a vivos y muertos -nunca mejor dicho- y llevar a los zombies de buen corazón y buena conducta a un paraíso eterno con carne humana abundante, carne humana abundante y carne humana abundante.
A su vez, para los humanos, se tendrá reservado un paraíso superior al del zombie -que no es capaz de experimentar una felicidad mayor que la de la vaca comiendo hierba- proporcionándole la oportunidad de elegir entre un estado virtuoso en el que se haya llegado a la idea de Bien -como máxima expresión de felicidad (Aristóteles dixit)- o bien una sala llena de pantallas de plasma, restos de comida zombie en forma de hamburguesa y programas de televisión realizados con los detritus de los zombies no salvados por el Mesías. A las salas cerradas con pantallas de plasma se las presupondrá aire acondicionado, ante las previsibles masificaciones. Ya saben, el genio maligno siempre presente.
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